Bautizado con el nombre de un viento del sur de Francia, este local-joya lleva más de 30 años transportando a sus clientes desde Sherman Oaks a Lyon. Arañas de cristal, bronces relucientes y paredes rojas complementan una cocina auténtica. En la sala principal reina un ambiente cordial; el agradable run run de las conversaciones y las mesas, en las que caben hasta seis comensales, la hacen perfecta para recibir grupos. Empiece con unos bocaditos de queso azul antes de pasar a mayores pidiendo, por ejemplo, un plato de caracoles a la borgoñesa con ajo y mantequilla. El pudin de pan y el suflé de chocolate son postres maravillosos, pero debe pedirlos al empezar a comer porque tardan en hornearse.
- Los inspectores de la Guía MICHELIN