Este bar histórico ha sido magistralmente renovado por el chef neoyorquino, April Bloomfield, que ha gastado millones en añadirle una cocina y en mantener intacto su encanto a la antigua usanza. Ataviados con chaquetillas blancas, los bármanes agitan y mezclan los cócteles tras la impresionante barra de madera tallada, mientras que los comensales se solazan en las mullidas banquetas de piel roja. No hay muchas mesas, así que tendrá que esperar si no ha reservado. Comida italoamericana con las influencias cárnicas propias de Bloomfield, como las chuletas de cordero a la brasa, tan tierna que se despegan del hueso. Las pastas son su fuerte, de los cremosos gemelli con queso y pimienta a los picantes bucatini all'Amatriciana. Sus verduras son también notables: el plato de coliflor con patatas y salsa taleggio con costrones de pan es espectacular.
- Los inspectores de la Guía MICHELIN