Norah cuenta con inmensos ventanales por los que la luz entra a raudales en la soberbia sala, espaciosa y abierta. Las bonitas pilastras de madera se combinan con unas sobrias barras de mármol, creando un ambiente pálido y etéreo, tan hermoso de ver como deliciosa es su comida. Los clientes se arraciman en la doble barra de cócteles para disfrutar de las bebidas artesanas de la cuidada carta. Los entrantes, como el pan de maíz tostado con mantequilla de romero, anuncian las influencias sureñas del chef, aunque la carta abarca todo el globo, incluyendo platos como el tartar de coliflor con tahin y garbanzos, el arroz congee al jazmín o los tagliolini con tinta de calamar. Los apetitos más discretos pueden optar por la tempura de calabaza con alioli de ajo negro, mientras que los más voraces se inclinarán por las gambas pochadas en mantequilla con tomate ahumado.
- Los inspectores de la Guía MICHELIN