Para llegar desde la costa, dibujando curvas y atravesando poblados, hay que armarse de paciencia, pero las vistas del mar una vez se ha llegado merecen la pena. En un interior sencillo y luminoso, atmósfera agradablemente familiar y cocina a base de ingredientes no solo locales. Y si no le apetece hacer el camino de vuelta enseguida, sepa que tienen buenas habitaciones, algunas panorámicas.
- Los inspectores de la Guía MICHELIN