Este palacio fue construido a principios del s. XV por Alfonso Enríquez, primer duque de Braganza e hijo natural de Juan I. Su fuerte influencia borgoñona se hace patente sobre todo en los tejados y en la insólita estampa de sus 39 altas chimeneas de ladrillo. Esta residencia fue una de las más suntuosas de toda la península ibérica, pero una vez que en el s. XVI la corte fue trasladada a Vila Viçosa, solo volvió a ser ocupada esporádicamente.