La escalera barroca del Bom Jesus que sube hasta el santuario homónimo es uno de los monumentos más conocidos de Portugal. Se trata de un perfecto exponente del barroco del norte del país, tallado en austero granito gris y realzado por la blancura de las paredes encaladas. El santuario al que lleva es más austero: erigido por Carlos Amarante entre 1784 y 1811, es de estilo neoclásico.