¿Qué ver en Arlés y alrededores? Visitas imprescindibles en el delta del Ródano
¿Qué ver en Arlés y alrededores? Visitas imprescindibles en el delta del Ródano

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Desde las callejuelas romanas a las marismas de la Camarga, Arlés y sus alrededores componen un territorio de sorprendente riqueza, bañado por el sol del sur de Francia. Anfiteatros romanos, playas vírgenes y lagunas de agua salada: el delta del Ródano invita a explorar su rica diversidad.
¿Qué ver en Arlés, centro histórico del delta del Ródano?
El centro histórico y sus monumentos romanos, declarados patrimonio de la Humanidad por la UNESCO
Paseando por el boulevard des Lices, trazado sobre la antigua muralla, entramos en el centro histórico de Arlés, donde destaca su importante legado romano. Empezamos por el anfiteatro, cuyas gradas están inspiradas en las del Coliseo y en las que hace dos mil años se sentaban 21 000 espectadores. Muy cerca de allí, el teatro antiguo nos muestra otra faceta del pasado con sus dos columnas corintias, guardianas de una historia que cayó en el olvido y se recuperó en el siglo XIX. Las termas de Constantino, construidas en el siglo IV frente al Ródano, dan testimonio de la afición de los romanos por el bienestar. No podemos irnos sin explorar los criptopórticos, unas galerías abovedadas subterráneas que estaban bajo el foro, del que hoy apenas quedan vestigios visibles, ni sin admirar desde la terraza de la iglesia de Notre-Dame-de-la-Major la vista de los tejados de tejas romanas de Arlés con el macizo de los Alpilles recortado en el horizonte.
El teatro antiguo de Arles, uno de los más antiguos de la civilización romana (siglo I a. C.), no fue descubierto hasta el siglo XIX, ya que estaba tapado por viviendas en cuya construcción se usaron sus piedras.

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Patrimonio religioso y la necrópolis romana de los Alyscamps, memoria de vivos y muertos
Desde la plaza de la República, presidida por el obelisco romano y la fachada clásica del ayuntamiento, nos dirigimos a la iglesia de San Trófimo. Franqueamos su portada románica del siglo XII en la que están esculpidos animales fantásticos, escenas de la Biblia y las figuras de los apóstoles. En su interior, sorprende la altura del coro gótico. De allí, pasamos al claustro, cuyos capiteles historiados narran, columna tras columna, episodios del Antiguo y el Nuevo Testamento.
En la parte exterior de la antigua ciudad recorremos los Alyscamps, una de las necrópolis galorromanas más famosas del Occidente cristiano. Las inscripciones de los sarcófagos de piedra alineados bajos los pinos y las capillas en ruinas recogen 1500 años de enterramientos, desde la Antigüedad hasta la Edad Media.

Cloître de l'église Saint-Trophime d'Arles (Provence-Alpes-Côte d’Azur, France)
Los museos de Arlés, entre arqueología y creación contemporánea
En el museo provincial de Arlés antiguo, ubicado en la península de Circo romano, podemos ver sarcófagos, mosaicos y maquetas, así como un busto de César y una chalana de 31 metros que da testimonio de la actividad fluvial de Arlés. El Museon Arlaten hace un recorrido por la vida provenzal entre los siglos XVIII y XX a través de trajes, herramientas agrícolas y objetos domésticos. En el museo Réattu, ubicado en el antiguo priorato de la orden de Malta, la pintura clásica se mezcla con la fotografía contemporánea. En las exposiciones de la Fundación Vincent van Gogh la obra de este famoso pintor holandés, que residió en Arles en 1888 y 1889, dialoga con la de artistas contemporáneos.
El Parc des Ateliers y la torre LUMA, nuevo polo de creación en Arlés
Al sur de la ciudad se encuentra el Parc des Ateliers, ubicado en un terreno de once hectáreas que anteriormente se usaba para reparar trenes caído en desuso y reconvertido en centro cultural. Destaca la imponente torre LUMA, obra de Frank Gehry, con su silueta tubular cubierta por 11 000 paneles de acero inoxidable. En los distintos pisos se suceden exposiciones y obras de jóvenes artistas plásticos y de artistas internacionales. En el exterior, los jardines secos evocan los paisajes de la Camarga, con sus plantaciones de salicornia, tamarisco y barrón, salpicados aquí y allá por esculturas y bancos. En el paseo por este espacio que aglutina patrimonio industrial y cultural nos cruzamos con visitantes, creadores e investigadores.
Para comer nos vamos al Drum Café, en la planta baja de la torre de Frank Gehry. La carta exalta el cordero de los Alpilles, el arroz de la Camarga y las verduras de temporada, todo regado con vinos de cultivo ecológico de pequeñas bodegas de la región.
¿Qué se puede ver y hacer en los alrededores de Arlés? Las excursiones más bonitas del delta del Ródano
La abadía de Montmajour, centinela de los Alpilles
Saliendo de Arlés por la carretera de Fontvieille, en seguida vemos la boscosa colina de Montmajour, donde los monjes benedictinos fundaron la abadía en el siglo X. Entramos en la cripta del siglo XII, excavada en la roca bajo la iglesia para luego subir a la iglesia cuya nave románica termina en un coro gótico inacabado. Su claustro, profusamente esculpido, invita a hacer una pausa para contemplarlo. Subimos los 124 escalones de la torre de la abadía, construida en el siglo XIV hasta la plataforma que la corona: desde allí se divisa toda la llanura, los Alpilles al norte y, con tiempo despejado, los Cévennes al oeste.

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Las marismas de Vigueirat, una reserva natural a las afueras de Arlés
A unos diez kilómetros de Arlés se encuentran las marismas de Vigueirat en la confluencia de la Crau y la Camarga. Hay varias opciones para recorrerlas: andando por las rutas señalizadas, en calesa o a caballo. La ruta de las cabañas nos lleva por cañaverales, humedales y bosquecillos de tamarisco. Desde los puntos de observación podemos avistar garzas reales, garcetas y, a veces, incluso caballos blancos salvajes. En el jardín etnobotánico podemos conocer las plantas que antaño utilizaban los habitantes del delta. En los paneles didácticos se explica la gestión hidráulica, un legado de los ingenieros holandeses venidos en el siglo XVII para desecar las marismas y que en la actualidad ha sido adaptada para preservar la diversidad natural.
Los paisajes de la Camarga a La Palissade y por los caminos del delta
Para conocer la Camarga más auténtica ponemos rumbo a la finca de La Palissade, el único territorio del delta en el que nunca se han construido diques para frenar el curso de las aguas. Sus 700 hectáreas cubiertas de cañaverales, praderas de lavanda de mar y dunas móviles van cambiando con las crecidas del Ródano y las tormentas marinas. Podemos recorrer cualquiera de las tres rutas señalizadas. La más larga, de 7,5 kilómetros, llega hasta la playa de Piemanson. La vegetación va cambiando por el camino: juncos, salicornias y barrón se suceden en función de la salinidad y la humedad del terreno hasta que llegamos al «dique del mar», donde arranca una gran pista ciclable y peatonal que va hasta el faro de La Gacholle. En bici o andando recorremos esta vía recta que discurre junto a mediterráneo y las lagunas y pasa por delante de la laguna du Fangassier, donde miles de flamencos rosas construyen sus nidos de barro cada primavera.
Salin-de-Giraud, entre patrimonio industrial y paisajes salados
Llegamos a Salin-de-Giraud, una localidad industrial situada en el extremo sudeste del delta, a unos 35 kilómetros de Arlés. Recorremos sus calles bordeadas por casas de ladrillo rojo, construidas en el siglo XIX para alojar a los obreros y nos fijamos en la iglesia ortodoxa, construida en 1862 por la comunidad griega local. Avanzamos por el Gran Ródano, junto a las marismas saladas donde el agua de mar se evapora lentamente. Al pie de la montaña de sal hay un mirador con espectaculares vistas, sobre todo a última hora del día, cuanto el sol se pone sobre las marismas. Seguimos camino hacia las playas de Piemanson o de Beauduc, grandes extensiones de arena frecuentadas por los amantes de los grandes espacios abiertos.

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La fauna de cerca en el parque ornitológico de Pont-de-Gau
En la carretera de Saintes-Maries-de-la-Mer, a cuarentaitantos minutos de Arlés se encuentra el parque ornitológico de Pont-de-Gau, con una extensión de 60 hectáreas llenas de lagunas y cañaverales. La entrada permite pasar todo el día en el parque para disfrutarlo tranquilamente y en recepción se pueden alquilar prismáticos para disfrutar de vuelo de las aves sobre las aguas, cómodamente instalados en un banco, como si de un ballet se tratara. También se puede visitar el centro de recuperación de fauna silvestre donde cuidan de los animales heridos hasta que pueden ser devueltos a su medio natural. La mejor época para visitar el parque es en otoño e invierno, ya que es entonces cuando se llena de aves migratorias llegadas desde el norte de Europa y cada charco se convierte en todo un recital ornitológico. ¡Todo un placer para la vista!
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