Los pueblos más bonitos de la Toscana

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En la Toscana, los pueblos más bonitos se encuentran agazapados en la cima de una colina o parapetados tras una muralla medieval. Se trata de un territorio con un encanto especial, cuajado de tesoros artísticos y retazos de la historia, con el paisaje de la omnipresente campiña colándose entre imponentes torres y palacios históricos.
Collodi, un pueblo en cascada en los contrafuertes de los Apeninos
No muy lejos de Lucca, en la zona noroeste de la Toscana, se encuentra Collodi, un pueblo pegado a la colina, cuyas casas van subiendo, unas encima de otras, hasta la iglesia de San Bartolomeo. Desde la carretera SR 435 podemos observar esta espectacular cascada de casas para después empezar a subir por las callejuelas adoquinadas de la parte alta, bordeadas de viejas piedras desgastadas por el paso del tiempo.
En la plaza, el panorama incluye las recortadas crestas de los Apeninos. Más abajo, se alinean los parterres a la italiana del jardín Garzoni, del siglo XVIII: paseamos sin rumbo entre estatuas barrocas, estanques y escaleras monumentales hasta llegar a la Casa delle Farfalle, un invernadero tropical habitado por mariposas multicolores.

Le jardin Garzoni à Collodi (Toscane, Italie)
Pitigliano, el centinela excavado en la toba a las puertas de la Maremma
A Pitigliano, en el sur de la Toscana, se llega por la SR74: el pueblo, colgado de un acantilado de tierra volcánica, surge por encima de los valles, manteniendo un equilibrio vertiginoso. Entramos por la Piazza della Repubblica, subimos las escaleras y recorremos los pórticos y callejuelas medievales hasta la muralla.
Bajo nuestros pies, hay una increíble red de galerías excavadas en la tova, las Vie Cave: amplias y profundas, antaño servían como viviendas o pasadizos secretos. Por algunas de ellas, señalizadas a la salida del pueblo, se pueden hacer magníficas rutas.

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Monteriggioni, fortaleza intacta en la frontera con Siena
A 15 kilómetros de Siena se yergue la silueta circular de Monteriggioni dominando la campiña. Construido en 1214 por los habitantes de Siena para contener el avance de Florencia, este recinto amurallado, reforzado con 15 torres cuadradas, evoca cuatro siglos de rivalidad entre estas dos grandes potencias toscanas.
Entramos al pueblo por una puerta monumental y llegamos hasta la plaza central rodeada de edificios antiguos y donde se encuentra la iglesia de Santa Maria Assunta, mezcla de románico y gótico. Muy cerca de ella, un pequeño museo rememora las batallas que enfrentaron a sieneses y florentinos. Desde el camino de ronda la mirada se pierde entre viñedos y olivares.

Le village de Monteriggioni dans ses remparts (Toscane, Italie)
San Gimignano, un skyline medieval surgido de las rivalidades comunales
Al oeste del valle de Elsa, según nos acercamos a San Gimignano, lo primero que vemos son las altas torres que parecen querer tocar el cielo, encima de la colina. En el siglo XIII había 72 torres, señal inequívoca del poderío de las grandes familias de la región. En la actualidad solo quedan 14, que componen un paisaje único. En la Piazza della Cisterna, de planta irregular y adoquinada, admiramos sus palacios góticos y edificios fortificados.
La colegiata de Santa Maria Assunta nos invita a alzar la mirada para contemplar los frescos del siglo XIV, obra de Ghirlandaio. La subida a la Torre Grossa se ve recompensada con bonitas vistas de los viñedos de Vernaccia. Por último, en el Museo municipal, podemos admirar una importante colección de pintura italiana, que da buena muestra de la prosperidad y riqueza que el comercio del azafrán trajo a San Gimignano.

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Certaldo Alto, pueblo de ladrillo del valle florentino
A pocos kilómetros de San Gimignano, dejamos el coche en la parte de abajo y subimos en funicular a Certaldo Alto. Arriba, nos encontramos con un pueblo medieval de casas de ladrillo rosa rodeado por la muralla. Visitamos la casa donde nació Boccacio, convertida en museo, y el Palazzo pretorio, sede de los vicarios florentinos que administraban la ciudad y reconocible por sus blasones.
Desde las murallas contemplamos el mosaico de viñas y cipreses que compone la campiña toscana y nos dejamos embargar por el ambiente de la Edad Media florentina, inalterable al paso del tiempo.

Vue sur le village perché de Certaldo (Toscane, Italie)
Pienza, manifiesto urbano del Renacimiento humanista
En Pienza, en el valle de Orcia, admiramos un paisaje obra de la mano del hombre incluido en la lista del patrimonio de la UNESCO. Aquí fue donde, en 1459, el papa Pío II encargó a Rossellino que realizara una «ciudad ideal», lo que dio lugar a la Piazza Pio II, luminosa y geométrica. En las inmediaciones, el conjunto formado por la morada de Piccolomini y la residencia episcopal es de una blancura deslumbrante.
Visitamos los apartamentos del palacio Piccolomini y desde la loggia descubrimos un jardín colgante abierto al valle. En los escaparates de las tiendas que hay a lo largo del Corso Rossellino, no falta el famoso pecorino de Pienza, un queso de oveja curado en las bodegas excavadas en el subsuelo de la ciudad. Por último, visitamos la muralla, donde se respira el aroma del tomillo silvestre que tapiza los campos.
En Pienza, piérdete por las callejuelas de la Piazza Pio II: las calles dell’Amore, del Bacio y della Fortuna llevan hasta uno de los paseos panorámicos más bonitos del valle de Orcia, ideal para contemplar la puesta de sol sobre las colinas.

Rue dans le village de Pienza (Toscane, Italie)
San Quirico d'Orcia, importante etapa de la Via Francigena
A diez kilómetros de Pienza se encuentra San Quirico d’Orcia parapetado tras su muralla del siglo XII. Subiendo por la Via Dante Alighieri llegamos hasta la colegiata románico-gótica rematada por un precioso rosetón. En su interior, admiramos el coro de madera, un retablo de Sano di Pietro y las esculturas góticas finamente talladas.
A la salida, pasamos por el parque Horti Leonini, un jardín del siglo XVI de formas geométricas, de camino hacia la plaza principal y el Palazzo Chigi. Algo más alejado se encuentra Spedale della Scala, un antiguo hospital y albergue de peregrinos de la Via Francigena. En conjunto, estamos ante un pueblo medieval muy pintoresco, alejado de las rutas turísticas más típicas.

La collégiale de San Quirico d'Orcia (Toscane, Italie)
Volterra, ciudadela etrusca rodeada por los balze
Volterra se alza a 550 metros de altitud, en medio de un paisaje formado por balze, formaciones rocosas creadas por la erosión. Cruzamos la Porta all’Arco, un arco etrusco adormado con tres cabezas esculpidas y vamos a la Piazza dei Priori donde se encuentra el palacio comunal del siglo XIII, cubierto de blasones. La catedral románica de Santa Maria Assunta destaca por su techo artesonado dorado.
En el museo Guarnacci podemos admirar una importante colección de objetos etruscos, entre ellos, 600 urnas funerarias y la famosa Sombra de la tarde. Terminamos nuestra visita en alguno de los talleres que hay en el centro para observar cómo se trabaja el alabastro con técnicas que se remontan a la Antigüedad.
En la campiña de Volterra, el hotel Borgo Pignano está ubicado en una finca construida sobre un antiguo asentamiento etrusco, rodeado de colinas, bosques y granjas. Nuestro alojamiento es una elegante casa con una piscina de agua de mar y un restaurante de prestigio, Villa Pignano.

Vue sur la citadelle étrusque de Volterra (Toscane, Italie)
San Miniato, bastión imperial en el valle del Arno
San Miniato, a mitad de camino entre Florencia y Pisa, afirma su nobleza en sus monumentales plazas y en sus palazzi. Alrededor del Prato del Duomo, admiramos la catedral románica, el palacio episcopal y la fortaleza de Federico II. Después, subimos a la torre de la Rocca, desde donde la vista alcanza a divisar el valle del Arno, las colinas de Pisa y Florencia y, al fondo, a lo lejos, los Apeninos.
En el camino de vuelta, paseamos por las callecitas que hay en torno a la Piazza della Repubblica para contemplar los frescos y escaparates medievales. San Miniato también es famoso por la trufa blanca que cada noviembre se puede encontrar en los comercios más prestigiosos.
En San Miniato, reservamos mesa en Pepenero o Papaveri e Papere: dos restaurantes que exaltan la cocina toscana con productos de temporada y trufa blanca. Sus platos originales y creativos se disfrutan justo al lado de callejuelas históricas y con vistas a la campiña.

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Capalbio, un pueblo medieval entre mar y montaña
En el sur de la Maremma, rodeado de murallas se esconde Capalbio. Recorremos su entramado de calles estrechas y plazoletas de camino hacia la torre del castillo Collacchioni, una fortaleza del siglo XII. En el salón de arriba, se conserva el piano de Puccini y, desde las murallas, la vista se pierde en el horizonte hasta el archipiélago toscano.
La brisa marina llega cargada de los aromas del monte bajo, la luz da un tono dorado a las piedras y los vencejos cantan componiendo una estampa inolvidable.

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