Buenas razones para ir a Bath, la ciudad termal más elegante de Inglaterra
Buenas razones para ir a Bath, la ciudad termal más elegante de Inglaterra

©oversnap/Getty Images Plus
Epítome de agua y elegancia, Bath se va conociendo poco a poco, mientras paseamos bajo sus arcadas, junto al río Avon o al pasar por delante de sus dulces y tentadores escaparates. Viajamos al pasado, a la época georgiana, nos sumergimos en su legado literario, exploramos el patrimonio termal del condado de Somerset y saboreamos un ritmo de vida pausado, fuera de lo común en Inglaterra.
Por su arquitectura georgiana y neoclásica única
Nada más llegar al centro histórico de Bath apreciamos una uniformidad poco común, sin par en el resto del país. Como no podía ser de otro modo, empezamos nuestro recorrido por la ciudad en Queen Square, una bonita plaza, obra del arquitecto John Wood «el viejo» hacia 1730, con sobrias mansiones hoy reconvertidas en hoteles o villas situadas alrededor de un jardín. A unos pasos de allí está Gay Street, una elegante calle ligeramente empinada que sube hasta The Circus. Estas 33 casas que forman un círculo perfecto son la culminación del gran proyecto urbano iniciado por John Wood y que fue terminado por su hijo, John Wood «el joven». La armonía de sus columnas esculpidas, balcones de hierro forjado y fachadas geométricas salta inmediatamente a la vista. Siguiendo en dirección norte Royal Crescent aparece en todo su esplendor. Este impresionante conjunto en forma de media luna junto al parque Royal Victoria Park es una de las postales más famosas de la ciudad.
Al otro lado del Avon se encuentra la también famosa Great Pulteney Street: una larga avenida que une el centro con Bathwick, flanqueada de edificios de líneas sobrias y fachadas de color miel y que desemboca en Pulteney Bridge, un puente sobre el que hay varias tiendas. Durante todo el recorrido encontramos el mismo afán de equilibrio y gracia que caracteriza al Bath georgiano.

Pulteney Bridge à Bathe (South West, Royaume-Uni)
Por sus famosas termas romanas y su rico patrimonio histórico
En Bath manan aguas termales desde la Antigüedad. Por ello, los romanos la eligieron para fundar la ciudad de Aquæ Sulis y construyeron en torno al manantial principal un gran complejo termal hacia el año 60 d. C. Visitar las antiguas termas romanas, un complejo de gran valor histórico y arqueológico que posteriormente fue ampliado en la época victoriana, es como hacer un viaje en el tiempo. El Gran Baño, las salas de aguas calientes y frías, los mosaicos y los objetos cotidianos encontrados en sucesivas excavaciones a lo largo de los siglos, dan testimonio del ingenio de los constructores antiguos, así como de su afición por el lujo. Uno de los muchos tesoros votivos que podemos encontrarnos a lo largo del recorrido por las termas es la estatua dorada de la diosa Minerva, hallada en 1727, a la que se le atribuían virtudes curativas.
Al salir de las termas nos encontramos con la abadía gótica cerrándonos el paso con su majestuosa presencia y subrayando el carácter monumental del centro histórico.

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Por su bagaje literario y su importancia dentro de la cultura inglesa
Entrar en Bath es como adentrarse en una novela inglesa. Y visitar el Jane Austen Centre, dedicado a la escritora más ilustre que pisó Bath, es sumergirse en el universo de la alta sociedad británica de principios del siglo XIX y trasladarse a los bailes, rivalidades e intrigas amorosas que animan las páginas de sus obras. Los enormes salones de Assembly Rooms invitan a dar rienda suelta a la imaginación y a imaginarnos en medio de una de las veladas organizadas por Beau Nash en la época georgiana, entre el roce de los vestidos y el eco de los pasos de baile sobre el parqué, miradas que se cruzan y conversaciones sabiamente orquestadas. Seguimos paseando hasta el museo de Mary Shelley, que evoca la estancia creativa en esta ciudad termal de la autora de Frankenstein.
La fama literaria de Bath ha dado el salto de los libros a las pantallas. Los fans de Los Bridgerton sin duda reconocerán Royal Crescent, el Holburne Museum y Abbey Green. Puedes recorrer los escenarios donde se rodó la serie y sumergirte en su ambiente a la vuelta de cada esquina. Bath se convierte en un escenario vivo en el que ficción y realidad se mezclan sin cesar.
Por su agradable ambiente y sus direcciones gourmet
En Bath, con su estilo vida marcado por su pasado termal y como epicentro de la vida social aristocrática el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, más pausado. Un ambiente de serenidad y calma perpetuado en hoteles como Royal Crescent Hotel Spa, en el centro histórico, o Bath Priory, algo más alejado, donde puedes sumergirte en su piscina climatizada y relajarte aspirando el aroma mineral del agua y disfrutando de la tranquilidad de sus instalaciones, lejos del bullicio de la ciudad.
Ya de vuelta a la ciudad, se impone tomar un tradicional afternoon tea en el restaurante Pump Room en el que no puede faltar un Sally Lunn, un bollo similar al brioche, bien calentito acompañado de una buena taza de té negro. También los numerosos salones de té que encontramos en Stall Street y Union Street nos tientan con ricos dulces típicos: Bath bun, sugar bread o lemon drizzle cake, cada uno tiene sus acérrimos partidarios. También exploramos las distintas tiendas de Pulteney Bridge, las tiendas de antigüedades de Artisan Quarter y los puestos de Guildhall Market. Hay mil y un pretextos para prolongar el paseo, mientras hacemos acopio de souvenirs para llevarnos de vuelta a casa un trocito de la ciudad como recuerdo.
Bath tampoco se queda corta en cuestión de gastronomía. Para gozar de una experiencia gastronómica con los productos del condado de Somerset como protagonistas podemos reservar mesa en Olive Tree. Pescados ahumados, hortalizas antiguas, quesos curados y carnes de la región son las estrellas de la carta. En Walcot Street, Upstairs at Landrace te encantará si te gusta la cocina moderna: cocina de leña, panes tan tiernos que se deshacen en la boca hechos en la panadería de la planta baja y ambiente distendido. En Chequers, en cambio, encontramos platos contundentes y reconfortantes que se degustan en un animado comedor con el ambiente de un típico pub inglés.
Prolonga la magia de Bath con un paseo por Royal Crescent al atardecer: con la caída de la tarde las fachadas se iluminan, sus sombras se alargan y la ciudad nos brinda su faceta más íntima. El momento ideal para saborear un instante en el que el tiempo parece detenerse.
Desde el centro vamos caminando hasta el la orilla del Avon para subirnos a uno de los barcos que salen desde Pulteney Bridge y hacer un pequeño crucero por el río. Es una forma ideal de hacer un pequeño descanso que, además, nos da la oportunidad de contemplar Bath, sus jardines y sus puentes desde otra perspectiva.

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Por la variedad de experiencias que puedes vivir en los alrededores de Bath
La campiña de Somerset, en los alrededores de Bath, ofrece muchas posibilidades para hacer excursiones. Al sur de la ciudad podemos subir hasta Alexandra Park y desde su terraza contemplar un completo panorama de Bath con sus tejados de color miel, las curvas del Royal Crescent y el meandro del Avon. Un poco más al este, el Bath Skyline Walk nos permite hacer una ruta circular de diez kilómetros (6 millas, ida y vuelta) alrededor de la ciudad en la que pasaremos por praderas, bosques y muros de piedra cubiertos de musgo para terminar sentados en un banco contemplando como la luz va cambiando de color sobre las doradas piedras.
Un poco más lejos, en Bradford-on-Avon, podemos conocer otra cara de esta región. El canal pasa entre antiguas casas de piedra amarilla y las tejedurías recuerdan la actividad textil que en el siglo XVII trajo la prosperidad al pueblo. Damos un paseo por sus estrechas calles, contemplamos el paso de las barcazas bajo el puente histórico con el tranquilo murmullo procedente del cercano mercado de abastos antes de poner rumbo a Lacock, a unos quince kilómetros. En este recóndito pueblo del valle el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media: callejones adoquinados, casas con entramado de madera, tiendas minúsculas… todo auténtico y perfectamente conservado gracias a los desvelos del National Trust . En el interior de la iglesia podemos entretenernos haciendo fotos de los fotogénicos detalles de las aldabas y los rótulos de hierro forjado y sumergirnos en el ambiente único de este lugar, que ha sido escenario de numerosas películas de cine. Terminamos el recorrido en Corsham Court. En esta casa de campo señorial isabelina, ampliada en el siglo XVIII, podemos admirar sus salones tapizados y galerías de las que cuelgan pinturas de autores italianos, flamencos e ingleses. El parque, obra de Capability Brown, nos invita a dar un último paseo bucólico bajo las copas de los cedros centenarios de Somerset.

Dans une rue de Bradford-on-Avon (South West, Royaume-Uni)
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