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Bardenas Reales: ruta para explorar el espectacular desierto de Navarra

Bardenas Reales: ruta para explorar el espectacular desierto de Navarra

(Navarre, Espagne)

©Manel Subirats/iStock

En Navarra, lindando con Aragón, las Bardenas Reales son un desierto donde la acción del viento y el agua ha dado lugar a una sucesión de mesetas, barrancos y chimeneas de hadas. Empezaremos nuestro recorrido por estos paisajes desérticos y salvajes en Arguedas e iremos hasta Tudela, a orillas del Ebro, que será nuestro punto de anclaje.

Al este de Tudela, en el norte de España, se encuentra uno de los desiertos más grandes de Europa: las Bardenas Reales, 42 000 hectáreas de paisaje semidesértico con formaciones rocosas esculpidas por la erosión y declaradas Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO. En el centro se encuentra la Bardena Blanca, una meseta de color claro, rodeada de barrancos y cerros, mientras que al sur, la Bardena Negra está formada por un conjunto de relieves horizontales cubiertos de bosques de pino carrasco y matorral. Por último, al norte, se encuentra El Plano, una extensa meseta cultivada. Se pueden hacer rutas en bici, a pie o en coche admirando a cada paso la inmensidad del desierto, la variedad de colores y la huella dejada por los elementos en las lomas, barrancos y cañones. ¡Estamos en el corazón desértico de Navarra!

(Navarre, Espagne)

©Agnieszka Glowala/Getty Images Plus

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Nuestra recomendación

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Arguedas, la puerta de entrada al desierto de las Bardenas por el oeste

Nuestra aventura empieza en Arguedas, un pueblo pegado a la roca caliza. Todo el pueblo está estrechamente ligado a la orografía del terreno. Buena muestra de ello son las Cuevas de Arguedas, unos habitáculos excavados en la montaña, vestigio singular de un modo de vida adaptado a la rudeza de las inclemencias meteorológicas. Nos dirigimos al centro de información de la Finca de los Aguilares, a siete kilómetros de allí. Allí, además de hacernos con un mapa de las diferentes rutas, podemos ver y tocar las muestras de piedras expuestas y escuchar atentamente las recomendaciones indispensables para disfrutar de este frágil paraje sin alterar su equilibrio natural. Aquí también podemos hacernos una primera idea de la diversidad de fauna y flora que nos espera en el desierto a través de un diorama sobre especies protegidas: buitres leonados, alondras, perdices rojas y cabras montesas conviven entre tamarizales, enebro y matas de plantas aromáticas resistentes al viento seco y el sol.

La Bardena Blanca y los paisajes lunares de Castildetierra

Primera e inolvidable etapa, el oeste de la Bardena Blanca nos conquista con sus relieves descarnados y sus horizontes infinitos. En esta llanura de 10 000 hectáreas de yesos y arcillas de color claro y cerros de piedra parece que estamos en medio de un western. Damos la vuelta alrededor del Polígono de Tiro por una pista circular transitable de 34 kilómetros, que se puede hacer en bici o en coche en aproximadamente 1 hora y media. Desde el centro de información de Aguilares, la carretera enfila hacia el norte y llega hasta el Cabezo de Castildetierra, una chimenea de hadas (una columna de roca de gran altura coronada por una cima de roca más dura) cuya esbelta silueta se ha convertido en el emblema del parque natural. Hay varias zonas donde se puede aparcar el coche para recorrer a pie las rutas señalizadas, cortas y accesibles, que llevan hasta los cabezos y disfrutar de grandiosas panorámicas.

La Piskerra y La Ralla: el corazón salvaje de la Bardena Blanca

Desde la vía principal, tomamos la bifurcación hacia La Piskerra, donde se encuentran los paisajes más espectaculares y también más frágiles del parque. Solo se puede llegar a pie, por un camino de ida y vuelta de cinco kilómetros, o sea, unas dos horas andando. A lo largo de nuestro paseo entre lomas estriadas y barrancos abruptos vamos fijándonos en las variaciones de color del terreno y en la escasa vegetación que crece en los taludes. Nuestra vista se posa en el Rallón, recortado a lo lejos, con sus paredes de vértigo con bordes cortados y distintos estratos en tonos rojizos, blanquecinos y ocre, que dan testimonio de la erosión producida a lo largo de millones de años.

De vuelta a la pista transitable, el recorrido nos lleva primero hasta el Rincón de las Rallas, y luego al Rallón, desde donde se divisa toda la Bardena Blanca, desde las mágicas chimeneas de hadas hasta las plantaciones de cebada. Aquí somos conscientes de la gran riqueza de este desierto: el silencio mineral, las siluetas de las aves rapaces volando en círculos, recortadas contra el azul del cielo, y las huellas de animales sobre el polvoriento suelo nos recuerdan la extrema fragilidad de este ecosistema.

(Navarre, Espagne)

©Manel Subirats/iStock

La Bardena Negra: lomas oscuras y bosques dispersos

Al sur del desierto, la Bardena Negra contrasta radicalmente con la blancura de la Bardena Blanca. Aquí, los relieves, cubiertos de matorrales, coscojares y romero, adquieren un color oscuro. En esta zona del desierto – a la que se llega desde Tudela por la NA-125 –, la fauna es más variada: podemos ver algún zorro cruzando entre la maleza, corzos que se cuelan desde la linde de los campos o aves rapaces anidadas en las paredes rocosas.

Caminando por sus rutas, nos dejamos conquistar por la tranquilidad y las vistas despejadas de esta zona del parque, menos frecuentada que las otras. Subimos, en coche o en bici, hasta la Ermita de Sancho Abarca, a 650 metros de altitud, situada en un balcón con vistas privilegiadas. Desde la esplanada de la ermita se contempla todo el desierto, desde las Caídas de la Negra hasta los primeros contrafuertes de las sierras aragonesas. A última hora del día, la luz del atardecer intensifica la rica paleta de colores de la garriga y resalta las formas de las lomas circundantes.

(Navarre, Espagne)

Vue de la Bardena Negra dans le désert des Bardenas Reales (Navarre, Espagne)

El Plano: una extensa meseta cultivada al norte del desierto

Para conocer la extensa meseta de El Plano, hay que entrar en el desierto por el norte, por la carretera que va desde Carcastillo hasta Sádaba (NA-128). En esta zona, más fresca, encontramos campos cultivados con cereal, coscojares y largas pistas rectas. Es ideal para practicar BTT, ya que podemos rodar por caminos fáciles, bordeados de cultivos, puntuados por bosquecillos, escuchando de vez en cuando el canto de las perdices traído por el viento. Esta zona agrícola, a menudo olvidada por los excursionistas, constituye una preciosa transición hacia los paisajes más pedregosos y áridos del sur. Nos encontramos con algunas explotaciones agrícolas aisladas, que nos recuerdan discretamente la actividad rural que desde hace siglos contribuye al desarrollo de esta zona de Navarra.

Parada urbana en Tudela, a orillas del Ebro

A las puertas del desierto, Tudela nos da la bienvenida, junto al tranquilo Ebro. La ciudad, construida en la margen izquierda del río, conserva un centro histórico donde conviven los vestigios de tres culturas: la cristiana, la judía y la musulmana. Empezamos la visita en la catedral de Santa María la Blanca, construida en el lugar de la antigua mezquita y que destaca por su portada románica esculpida y sus capillas góticas. Paseando por sus calles, descubrimos la Judería, el antiguo barrio judío, con sus estrechos pasajes, legado de la época medieval. Desde el puente de piedra que cruza el Ebro, se divisa una bonita vista de las orillas del río y los jardines, muy agradables para dar un paseo a última hora de la tarde. Antes de irnos, pasamos por el mercado de abastos para pertrecharnos de rica verdura fresca de la Ribera navarra, como alcachofas, tomates, pimientos o aceitunas negras. Todo un abanico de sabores que da testimonio de la riqueza agrícola de la región para consumir sin moderación.

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¿Dónde alojarse?

Te recomendamos buscar alojamiento para dormir en Tudela, al oeste del desierto. Desde allí, se llega muy fácilmente hasta la Bardena Blanca y la Bardena Negra por la NA-134 o la NA-125. Si prefieres un ambiente más rural, Carcastillo, al norte del parque, es ideal para explorar El Plano.

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¿En qué época ir?

La mejor época para visitar las Bardenas es en otoño y primavera. En primavera, la vegetación está más presente y las temperaturas son agradables para hacer excursiones en bici. En otoño, con clima suave y aún bastante luz, está menos concurrido.

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