Recorrido: alrededores de Turín y vinos del Piamonte

©javarman3/Getty Images Plus
Este recorrido desde Turín hasta las colinas de Langhe nos lleva a recorrer uno de los paisajes vitícolas más bellos de Italia. Nueve etapas por casi 250 kilómetros de carreteras panorámicas en las que visitaremos pueblos con mucho encanto, históricsa bodegas y abadías románicas.
Etapa 1 – Turín, capital barroca a las puertas de las Langhe
Nuestro viaje empieza en Turín, la imponente capital del Piamonte, con un trazado regular y amplias avenidas, legado de la casa de Saboya. En la Piazza Castello, el Palacio real y el Palacio Madama son dos buenos ejemplos de la prosperidad y el boato barroco de esta ciudad, que en el siglo XX se convertiría en la capital italiana del sector del automóvil. Paseando bajo sus elegantes arcos, llegamos hasta la Mole Antonelliana, una majestuosa torre de ladrillo de planta cuadrada rematada por una cúpula, que alberga el Museo nacional del Cine, uno de los más espectaculares de Europa.
No lejos de allí, el Museo egipcio, instalado en el antiguo Palazzo dell’Accademia delle Scienze, bien merece una visita. Su colección de antigüedades egipcias, que abarca siglos de historia, es una de las más importantes del mundo. Entra en alguna cafetería con solera y cae en la tentación de pedir un bicerin, una bebida típica del Piamonte con capas superpuestas de café, chocolate y espesa nata que se sirve en vaso de cristal. ¡El complemento perfecto antes de dar un paseo por el Cuadrilátero Romano!
Lo ideal es pasar tres días en Turín para poder descubrirla sin prisa y visitar sus palacios barrocos, comer o cenar en una osteria típica, pasear por sus galerías y conocer importantes museos como el MAUTO o el Rivoli.
Etapa 2 – Barolo, un pueblo-museo y viñedos italianos míticos
A poco más de una hora de Turín se encuentra Barolo, un pueblo con un viñedo en forma de anfiteatro, cuyo paisaje vitícola ha sido declarado patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Dominando el valle, se encuentra el castillo Falletti, sede del WiMu, un museo interactivo sobre el vino. En él podemos conocer la historia de las variedades locales, el papel del barolo en la viticultura piamontesa y el lugar que ocupa en la gastronomía italiana. Por las callejuelas del pueblo encontramos pequeñas bodegas que nos invitan a una degustación como parte de la visita. En la Cantina dei Marchesi di Barolo, escuchamos atentamente las explicaciones apasionadas del propietario sobre los terrenos y sus particularidades antes de probar una copa de nebbiolo con un intenso aroma. Luego, salimos a explorar las viñas de Cannubi, famosas por su exposición solar y su terreno margoso y donde se producen algunos de los barolos DOGP más famosos de la denominación.
Para descubrir los mejores vinos de la DOC Langhe, empezamos con una copa de nebbiolo de las viñas de Cannubi, la matriz de los grandes barolos DOCG. Lo comparamos con un barbaresco, más delicado para seguir con otras variedades complementarias, como el barbera d’Alba, afrutado y generoso y el dolcetto d’Alba, redondo y accessible. Los aficionados al vino blanco sabrán apreciar un roero arnais, fresco y floral.
Etapa 3 – La Morra y el mirador de las Langhe
Salimos de Barolo por la SP58, una carretera que sube por la ladera entre viñedos. En seguida llegamos hasta La Morra, el pueblo que desde lo alto domina los campos de las Langhe: desde su famoso mirador se ve un mar de colinas cubiertas de viñas, salpicadas por pequeñas aldeas y campanarios. En el centro del pueblo, visitamos la iglesia de San Sebastiano, de estilo barroco y la Cappella del Barolo. Esta pequeña capilla rural, transformada en obra de arte contemporáneo por Sol LeWitt y David Tremlett, es una explosión de color entre viñas. Para terminar la inmersión vinícola podemos alojarnos en el Palas Cerequio Barolo Cru Resort, donde cada habitación está dedicada a un viñedo.

Le village de La Morra et ses vignobles dans la région des Langhe (Piémont, Italie)
Etapa 4 – Alba, la capital de la trufa blanca y de los vinos de Langhe
Desde La Morra, la carretera SP3 baja hacia Alba entre un mosaico de viñas y pueblos diminutos. Antes de llegar, hacemos un alto en el camino en el castillo de Grinzane Cavour, una fortaleza del siglo XI, que fue la residencia de Camillo Benso, conde de Cavour. Sus salas albergan en la actualidad la Enoteca Regional, que hace un recorrido por la historia vitícola de esta región.
Unos pocos kilómetros después, las grandes torres que se recortan en el horizonte nos anuncian que estamos llegando a Alba. Paseando por sus estrechas calles bordeadas de fachadas góticas y casas pintadas, llegamos hasta la imponente catedral de San Lorenzo en el centro de la ciudad. En otoño, flota en el aire el aroma de la trufa blanca, la joya gastronómica que atrae hasta aquí a compradores y curiosos venidos de todo el mundo. Para comer, podemos elegir entre la excelencia de Piazza Duomo, con tres estrellas MICHELIN, o Locanda del Pilone, situado en una bonita bodega abovedada y con un ambiente más informal.
El mejor momento para recorrer esta zona es en otoño, durante la vendimia y la Feria de la Trufa. Es la temporada de la trufa y una época en la que reina un gran ambiente en todos los mercados y bodegas.

Le château de Grinzane Cavour (Piémont, Italie)
Etapa 5 – Barbaresco y las orillas del Tanaro
Seguimos por la SP3 hasta Barbaresco, un pueblo presidido por una torre fortificada que se alza como un vigia sobre las colinas circundantes. En el centro, ubicada en la antigua iglesia de San Donato, se encuentra la enoteca, donde encontramos todos los vinos de la DOCG Barbaresco. La cata nos permite comparar los matices del nebbiolo, más floral y más fino que el vecino Barolo. A la salida, seguimos el camino que baja hasta el río Tanaro para estirar las piernas y respirar un poco de aire puro por el paseo arbolado que recorre la orilla del río.

©javarman3/Getty Images Plus
Etapa 6 – Canelli, catedral subterránea del vino
La siguiente etapa nos lleva hasta Canelli por la SP51, una bonita carretera por la cresta que atraviesa las plantaciones. Nada más llegar visitamos las «catedrales subterráneas». Se trata de cuevas excavadas en la roca caliza en el siglo XVI que forman una bodega subterránea que se extiende a lo largo de varios kilómetros bajo la superficie del pueblo. Aquí es donde envejece el Moscato d’Asti, un vino blanco, ligeramente espumoso y afrutado. Las botellas se amontonan en perfecto orden en las inmensas cavas que se mantienen siempre a una temperatura ideal y constante. Una visita que sirve para apreciar el ingenio de los bodegueros que supieron transformar la roca en un patrimonio único.
Etapa 7 – Asti, la ciudad de las torres y el Moscato
Estamos en Asti, una ciudad orgullosa de sus torres medievales que siguen dominando el centro histórico como antaño. Paseando por sus calles observamos la sucesión de fachadas góticas, el imponente perfil de la catedral de Santa Maria Assunta y los deslumbrantes frescos de la colegiata de San Secondo. Esta ciudad, famosa desde la Edad Media por sus ferias y su papel comercial, vive volcada en su famoso vino dulce, el Moscato d’Asti. Nada mejor para probarlo que acompañado de un bonet, un flan de cacao con galletas Amaretti, típico del Piamonte. La dulzura de este postre, maridada con la aromática frescura del vino, resume a la perfección el dulce gusto piamontés.
Por carretera
Las carreteras secundarias entre Asti y Vezzolano, como la SP22 o la SP458 discurren por los espectaculares valles del Basso Monferrato, salpicados de bodegas. Merece la pena ir haciendo paradas para visitar los pueblitos y contemplar las panorámicas de las viñas que se divisan desde cada campanario.
Etapas 8 y 9 – Vezzolano, joya de románico del Piamonte
Llegamos por fin a las laderas del Astigiano, donde nos espera la abadía de Vezzolano, acurrucada entre viñas con su fachada que alterna bandas de piedra y de ladrillo. Nada más entrar, inmediatamente llama nuestra atención el jubé con bajorrelieves. En el claustro, los frescos, bien conservados, reproducen escenas de la vida monástica y relatos bíblicos. Las viñas de los alrededores de las variedades barbera y freisa, producen vinos tintos que podemos probar en las bodegas vecinas.
En el camino de vuelta, hacemos una última parada en la basílica de Superga. En lo alto de una colina boscosa, domina el valle y ofrece una extraordinaria panorámica de los Alpes. Entramos a visitar este santuario del siglo XVIII en el que reposan los restos de los reyes de Saboya antes de volver a Turín, donde termina este recorrido vitícola por el Piamonte.

Cloître de l’Abbaye de Vezzolano (Piémont, Italie)
El consumo excesivo de alcohol es perjudicial para la salud. Consumir con moderación.
¿Ganas de evasión?
Recibe sugerencias de circuitos originales y descubre los lugares que no te deberías perder cerca de tu casa o en tus próximos viajes.