© C. Morel / ViaMichelin
En el s. IX se levantó sobre este islote rocoso una primera fortaleza que ofrecía no sólo una protección natural, sino también una situación estratégica que permitía controlar el paso entre el norte y el sur de Europa. Propiedad de los obispos de Sion al principio, de los condes de Saboya a partir de 1150, el castillo adquiere su fisonomía actual en el s. XIII.
© Fundación del castillo de Chillon / C. Morel / ViaMichelin
La entrada al castillo se hace a través de un puente construido en el s. XVIII para sustituir el puente levadizo medieval.
Por el lado que da a tierra, la fortaleza despliega una arquitectura típicamente defensiva: foso, atalayas, camino de ronda, doble recinto amurallado, cadalsos (baluartes de madera situados en las torres), matacanes, garitas...
© Fundación del castillo de Chillon
Por la parte del lago, la fachada pierde sus atributos militares y luce aires de residencia principesca.
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Pasada la entrada se suceden tres patios: el patio bajo (o “basse-cour”, en la foto), donde debía de reinar siempre una gran animación; el patio del Châtelain (del señor del castillo) y por último el patio de honor, reservado a los condes y a los duques de Saboya. Aquí se organizan a lo largo de todo el año animaciones y espectáculos, en particular los conciertos programados en el marco del Montreux Jazz Festival.
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Los subterráneos presentan bonitas bóvedas de crucería comparables a las de las catedrales góticas del s. XIII. Estos locales sirvieron como prisión de Estado y como arsenal para la flota de Berna durante los ss. XVII y XVIII. La cautividad entre 1530 y 1536 de François de Bonivard, el más celebre de sus reclusos, sirvió de inspiración al poema El prisionero de Chillon (1816), en el que Lord Byron convierte al prisionero en un héroe romántico.
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La habitación Bernesa (ss. XVII-XVIII) luce un mobiliario y una decoración sencillos, lo cual no le impide estar dotada de comodidades como una gran cama, baño, sistema de calefacción y hasta agua corriente.
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La capilla de Chillon es una pequeña joya arquitectónica. Sus paredes y bóveda están cubiertas de magníficas pinturas del s. XIV con escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento. Es uno de los pocos edificios religiosos del cantón que escaparon al ímpetu iconoclasta de los Reformadores.
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El castillo consta de cuatro grandes salas de recepción. La sala des Châtelains (de los señores del castillo) está adornada con columnas de roble de la época de los Saboya y techo artesonado del s. XV.
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Sala de los Señores del Castillo
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Desde las ventanas se admiran los maravillosos paisajes del lago Léman.
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El aula magna es la mayor de todas las salas: cuando se celebran conciertos puede acoger hasta 300 personas.
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El aula nova, cubierta por un techo de madera en forma casco invertido, alberga una colección de armas antiguas (mosquetes), armaduras, objetos de estaño y muebles.
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Desde lo alto de la torre del homenaje, hasta donde se sube por una estrecha escalera, se divisan hermosas vistas de Montreux, el lago Léman y los Alpes.