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Oslo: una capital en sintonía con la naturaleza

06-04-2009

Por Emmanuel Tresmontant
Antes de salir a explorar los fiordos de la costa norte, que constituyen uno de los paisajes más grandiosos de toda Europa, conviene tomarse el tiempo de visitar Oslo. La más antigua de las capitales escandinavas concentra, en un marco de excepción, la quintaesencia cultural y gastronómica del país.
 
Tiempo de estancia aconsejado: 3 días

Primer día: toma de contacto con la ciudad
Oslo es una luz cortante y acerada, un aire puro y helado por suerte atemperado por la Corriente del Golfo (el país se encuentra a la misma altura que Alaska) y una densidad de población tan baja que en ocasiones se tiene la impresión de caminar por una ciudad desierta.
 
Pero ante todo, Oslo es un modo de vida. Ninguna capital europea vive hasta tal punto en sintonía con los ritmos que marca la naturaleza: durante el mes de diciembre sólo hay 5 horas de día, en junio 5 horas de noche. Nada más llegar la primavera sus habitantes exultan, corren a la playa, parten en barco o desempolvan sus bicicletas. En verano, la noche “en blanco” es una fiesta impuesta por la naturaleza: nadie vuelve a casa, todo el mundo está en la calle, en la terraza de los bares o echado en la hierba. El resto del año, la gente se levanta temprano, trabaja temprano y cena temprano (a eso de las seis de la tarde).

Karl Johans Gate
© E. Tresmontant/ViaMichelin

El centro urbano

Nada más llegar le invito a que empiece a recorrer el centro urbano, articulado en torno a un gran eje rectilíneo: la animadísima Karl Johans Gate, que se extiende desde el Palacio Real hasta la estación central.
 
A lo largo del paseo se encuentran instituciones como el Teatro Nacional y los jardines de la Universidad, la Galería Nacional (con varios lienzos capitales de Munch), el Hotel Continental (el más confortable de la capital), el Theatercafeen (una bonita cervecería de estilo vienés) o el Grand Café (donde en el s. XIX se daba cita toda la bohemia de Oslo, desde el dramaturgo Henrik Ibsen hasta compositor Edvard Grieg y del novelista Knut Hamsun al pintor Edvard Munch).
 
En cuestión de arquitectura, el estilo predominante es el neoclásico. Con una excepción: el colosal ayuntamiento de ladrillo rojo, inaugurado en 1950 para celebrar el 900 aniversario de la fundación de Oslo y cuyo par de imponentes torres, plantadas ante el puerto, sirven de referencia a los navíos. Es en su interior, en la inmensa sala de ceremonias, donde cada 10 de diciembre se hace entrega del premio Nobel de la paz, el único de los seis premios Nobel que no se entrega en Estocolmo.

Aker Brygge
© E. Tresmontant/ViaMichelin

El puerto

Pero para sentir de verdad el alma de Oslo hay que caminar hasta la zona de Aker Brygge, uno de los lugares con más vida de la capital. Se trata del antiguo barrio portuario, cuyos almacenes (completamente rehabilitados) albergan hoy restaurantes, teatros, cines, galerías comerciales y oficinas (entre ellas la del hombre de negocios más célebre de Noruega, el antiguo pescador de gambas Kjell Inge Røkke: en verano se puede incluso comprar gambas a bordo del barco con el que forjó su fortuna).
 
Contemplando el fiordo de Oslo, que se extiende a lo largo de más de 100 km, podrá divisar, a lo lejos, arboladas penínsulas emergiendo de las azules aguas y, presidiendo el puerto, la fortaleza de Akershus, donde descansan amarrados antiguos veleros.
 
En verano, los habitantes suelen ir en ferry o a bordo de sus propios barcos de vela hasta las bonitas playas de Langøyene, Hovedøya, Ingierstrand, Hvervenbukta, Katten o Fiskvollbukta, cuya agua está a 18°C...

Grünerløkka
© E. Tresmontant/ViaMichelin

Oslo, capital del diseño noruego

Cambio radical de decorado: tome el tranvía número 12 y dispóngase a visitar el antiguo barrio obrero de Grünerløkka,situado al norte de la ciudad.
 
Hoy convertido en el barrio burgués-bohemio por excelencia, Grünerløkka alberga interesantes tiendas de ropa, joyas, música y diseño noruego (como Norway Says Shop, en el número 15 de Thorvald Meyers Gate, que expone creaciones de diseñadores varias veces premiados en Noruega).
 
El bonito paseo que bordea y atraviesa el río Akerselva le conducirá hasta Telthus Bakken (literalmente “justo después del río”), un jardín obrero bordeado de casitas de madera que se extiende por la falda de una colina.
 
Aquí podrá ver asimismo una de las numerosas guarderías al aire libre en las que se inicia a los niños al esquí desde los dos años de edad: “aquí se aprende a esquiar antes que a leer”, me explica mi excelente guía francesa Anne-Marie Grevle.

Una naturaleza omnipresente

Menos conocida que sus homólogas nórdicas Estocolmo y Copenhague, Oslo no es a menudo más que un punto de partida para los cruceros que recorren los fiordos. Esta capital fundada por los vikingos hace cerca de mil años y cuyo nombre significa originariamente “llanura pantanosa consagrada a Dios” es no obstante una ciudad sorprendente capaz de encandilar tanto a los deportistas como a los sibaritas o a los amantes de las bellas artes y los grandes conciertos de música clásica.
 
A pesar de su riqueza procedente del petróleo, Oslo se sigue manteniendo cercana a la naturaleza gracias a sus playas, sus pistas de esquí, sus casas de madera tradicionales y sus extensas zonas verdes. 570 000 habitantes comparten una superficie inmensa (equivalente a 4 veces la de París) de la cual sólo un tercio se encuentra construido. Pese a ello, el centro urbano (situado entre el puerto, el Palacio Real y la estación) está bien delimitado y se recorre fácilmente a pie o en autobús.

La iglesia de madera más antigua del país
© E. Tresmontant/ViaMichelin

Segundo día: escapada en barco a la península de Bygdøy
Situada al suroeste del centro, la península de Bigdøy (“isla habitada” en noruego) está comunicada por autobús (número 30) o, un medio más divertido, velero (una hora de travesía con salida del puerto). Esta península -con sus bonitas casas tradicionales, sus bosques y sus playas- constituye un apacible y luminoso barrio residencial.
 
Hasta ella iremos ante todo por sus 5 museos, cada uno de ellos dedicado a una vertiente de la cultura noruega. Yo por mi parte le recomendaría un par de ellos. En primer lugar el museo del folclor noruego (Norsk Folkemuseum), ubicado en un gran parque donde además podrá admirar la iglesia de madera más antigua de las que se mantienen en pie en el país, construida en 1235 en el pueblo de Gol (a 224 km al noroeste de Oslo)... ¡Una maravilla!
 
La otra perla es claro está el museo de barcos vikingos (Vikingskishuset), que alberga los ajuares de tres tumbas vikingas halladas en las proximidades del fiordo de Oslo entre 1867 y 1904. Carretas de madera tallada, joyas labradas, armas, objetos, enseres, objetos de estaño, trineos y ropa... Todas estas piezas fueron depositadas en tres barcos que, según la tradición, servían para enterrar a los jefes.
 
El extraordinario estado de conservación de los estos drákares se debe a que fueron englutidos por una arcilla que los mantuvo a resguardo del aire y el agua. Admire sus finas y esbeltas líneas, la belleza de sus proas, decoradas con imágenes de divinidades nórdicas. Diseñados para surcar ríos y mares transportando un centenar de guerreros durante varios meses, los drákares sembraron el terror en Europa occidental entre los siglos VIII y X.

Una noche en la ópera

Desde el punto de vista musical, Oslo es hoy por hoy una de las ciudades más apasionantes de toda Europa. Estos últimos años hemos asistido a la aparición de grandes músicos clásicos noruegos, entre ellos el célebre pianista Leif Ove Andsnes y su Norwegian Chamber Orchestra, cuyos discos -dedicados a los concertos de Mozart y grabados en la iglesia Jar Church de Oslo- han logrado conquistar a un amplio público internacional.
 
Pero Oslo ha sabido ante todo dotarse de una ópera futurista enteramente revestida de mármol y cristal, inaugurada el 12 de abril de 2008. Comparable a un iceberg surgiendo del agua, este imponente edificio diseñado por el gabinete de arquitectos Snøhetta (autor asimismo de la nueva biblioteca de Alejandría) se encuentra a orillas del fiordo de Oslo, en el barrio de Bjørvika, a 10 minutos del centro urbano. Con una superficie equivalente a la de cuatro estadios de fútbol, se trata del mayor edificio construido en Noruega desde la Catedral de Nidaros en Trondheim. En el interior, su sala en forma de herradura está enteramente revestida de roble y posee una acústica admirable.


© E. Tresmontant/ViaMichelin

Tercer día: iniciación al telemark
En invierno no es raro cruzarse por las calles de Oslo con esquiadores que se dirigen a las pistas de esquí en metro (T-Bane línea 1, dirección Frognerseteren para el esquí de fondo o Voksenkollen para el esquí alpino y el telemark). Y es que las pistas se encuentran prácticamente en la misma ciudad, a 20 minutos del centro, y permanecen abiertas e iluminadas hasta las diez de la noche, lo cual permite ir a esquiar después del trabajo.
 
Teniendo en cuenta que el telemark fue inventado en Noruega durante el s. XIX (por un carpintero llamado Sondre Auversen), sería una pena no aprovechar su estancia para iniciarse a esta forma de esquiar a la vez técnica y elegante. Allí mismo, en la escuela de esquí de Frognerseteren, un monitor fuera de serie, Reidun Løvstuen, le enseñará las bases del telemark, cuya particularidad reside en mantener el talón suelto y y la rodilla siempre flexionada en el momento de girar. Se trata de un esquí muy bonito de ver, una especie de danza muy en contacto con la nieve, adaptado al relieve accidentado de las pequeñas y empinadas colinas noruegas.
 
Tras la sesión de esquí, no dude en reponer fuerzas en el restaurante típico tradicional Frognerseteren (www.frognerseteren.no), desde cuya terraza se divisa todo el valle: una auténtica institución.

Información práctica

Innovation Norway
Paseo de la Castellana 31, planta baja
ES-28046 Madrid
Tfno. 91 344 09 87
 
Cómo llegar
Scandinavian Airlines
 
El aeropuerto de Oslo Lufthavn se encuentra a unos 30 km de la capital. Si coge un taxi sepa que la carrera puede salirle por unas 1 000 NOK, es decir más de... 100 €. No dude pues en utilizar el tren rápido Flytoget, que conecta el aeropuerto con el centro urbano (estación Teatro Nacional) en 20 minutos y por sólo 160 NOK. Este tren se coge directamente en el subsuelo del aeropuerto y el billete se puede comprar con tarjeta de crédito (expendedores automáticos).
 
La oficina de turismo se encuentra cerca de la estación central. Para obtener los horarios, visite www.visitoslo.no o www.visitoslo.com
 
Dónde alojarse
 
Compras
En las principales calles comerciales del centro encontrará las tiendas donde comprar algún que otro recuerdo. Algunas de ellas, situadas en la calle Rozencrantz, no se las puede perder: Husfliden, Heimen y Unique design para comprar artesanía tradicional (objetos de estaño, prendas de lana, esmaltes, pieles, objetos de madera) y diseño escandinavo.
La joyería David Andersen, situada en la Karl Johansgate, es muy famosa por sus joyas de plata maciza.
Si le gustan las ropas llamativas no deje de hacer una visita a los jóvenes creadores noruegos de la vanguardista tienda Moods of Norway, situada al lado de la más modosa boutique de Louis Vuitton...
 
Cruceros
Para explorar el rosario de fiordos saliendo de Bergen (la ciudad más bonita del país, situada a 500 km de Oslo) y en particular el sublime Naerøyfjord (declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco) lo mejor es coger el famoso Hurtigruten, ómnibus costero que comunica Bergen con 30 pueblecillos de la costa norte. Un crucero de excepción de entre 3 y 11 días que hay que hacer al menos una vez en la vida. Para llegar hasta Bergen, tome la línea ferroviaria Oslo-Bergen (la màs elevada del norte de Europa).
 
1 corona noruega (NOK) = 0,11 €

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