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Lisboa
| 26-01-2009 Por Georges Rouzeau Los enamorados de Lisboa, que se cuentan por millares, hablan de “su” ciudad con un brillo especial en los ojos, el mismo que debe iluminar en estos momentos nuestra mirada… Fluvial y marítima, bulliciosa y secreta, popular y culta, la capital portuguesa no deja de sorprender. Iluminada por un sol mediterráneo y atemperada por la brisa atlántica, Lisboa es una ciudad de contrastes. La capital lusa posee por supuesto, infinidad de museos y monumentos de visita obligada que dan fe de su glorioso pasado como urbe fenicia, romana y árabe. Pero lo mejor de su esencia nos aguarda en sus bairros populares y sólo lo disfrutaremos vagando sin rumbo de plazuela en calleja, de tasca en taberna, aspirando el olor del pescado que se asa en las aceras. Como un fado preñado de saudade, Lisboa es una ciudad cargada de emociones… Torre de Belém Se trata del emblema por excelencia de Lisboa. La torre de Belén es testigo de la época gloriosa de los grandes descubrimientos marítimos que cantara Luís de Camões en las Lusiadas. Antaño situada en medio del Tajo, esta torre albarrana fue construida para proteger la desembocadura del río y el monasterio de los Jerónimos. Más tarde habría de servir como arsenal, cárcel, aduana y hasta como vivienda de la capitanía del puerto. Esta joya arquitectónica de 1515 es un buen ejemplo del estilo manuelino, aunque con numerosos elementos característicos del renacimiento veneciano (galerías y ajimeces). Monasterio de los Jerónimos ¡Qué impresión! Este inmenso navío tallado en una magnífica piedra de tonos claros y delicados es una oda a la Creación. Admire la riqueza y profusión de las molduras, decoradas con una interminable colección de motivos marinos: cadenas de ancla, medusas, algas, conchas, corales, jarcias, cabezas de negros y de navegantes, hojas, racimos, esferas armilares, grotescos… Tendríamos que pasar horas y horas para apreciar cada detalle. Construido entre 1496 y 1572 para la Orden de San Jerónimo, el monasterio está considerado como una de las obras cumbres del estilo manuelino y figura desde 1983, junto con la Torre de Belén, en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Tumba de Luís de Camões En la iglesia de Santa Maria, según se entra a la derecha y bajo la tribuna del coro alto, se encuentra la tumba de estilo neomanuelino del poeta Luís de Camões. Su estatua yaciente lo representa con las manos juntas en actitud de plegaria y coronado de laureles. En LasLusiadas (1572), Luís de Camões narra la epopeya de Vasco de Gama a la manera del Odiseo de Homero, lo cual lo convierte en el cantor de los Grandes Descubrimientos que dieron gloria al reino de Portugal. Claustro del monasterio de los Jerónimos El fasto arquitectónico del claustro de los Jerónimos no tiene nada que envidiar al de la fachada. Esta obra maestra del arte manuelino se enciende al caer la tarde de mil reflejos por mor de su piedra, de cálidas tonalidades doradas. Es el momento y lugar para sentarse a leer a Fernando Pessoa, escritor y héroe nacional portugués cuyo cenotafio se encuentra bajo las arcadas. Fundación Calouste Gulbenkian Calouste Sarkis Gulbenkian, mecenas armenio que hizo fortuna gracias al petróleo iraquí, atesoró a lo largo de su vida una excepcional colección de obras de arte que abarca varios milenios de creación artística, aunque con una pasión especial por el Oriente medieval. Hoy, la visita de su fundación es uno de los momentos ineludibles de toda estancia en Lisboa. Los tejados de Lisboa Lisboa, cuya fisonomía resulta difícil de aprehender, se extiende por siete colinas dispuestas en forma de anfiteatro. Dédalo interminable de cuestas y callejas, la ciudad ofrece amplias vistas que se ganan a fuerza de… zancada. Placitas y miradouros como el de Sao Pedro de Alcantara brindan magníficas vistas del Tajo, el mar de Paja, el puerto y los tejados de la Alfama así como de las incontables callejas y campanarios del casco antiguo, de sabor mediterráneo y medieval. Praça do Comércio A orillas del Tajo nos aguarda la plaza del Comercio, austera y elegante bajo su manto amarillo azafrán. Todavía son muchos los que la siguen conociendo como el terreiro do Paço, la explanada del Palacio, en recuerdo del palacio real destruido por el terremoto de 1755. De planta rectangular, tres de sus lados están compuestos por edificios de estilo clásico ocupados por la bolsa y varios ministerios. El escritor francés Valery Larbaud no dudaba en considerarla como la más bella de Europa. El tranvía Éste es sin lugar a dudas uno de los “personajes” más emblemáticos de la escena lisboeta y un excelente medio para descubrir la ciudad y sus bairros: desde sus ventanas veremos pasar la ropa tendida de las ventanas, plazuelas, tasquitas, tiendas de ultramarinos, vendedores ambulantes, limpiabotas, vendedoras de flores y todo un rosario de oficios olvidados. El jardín botánico Un verdadero remanso de paz en el corazón del bairro alto… Este jardín botánico es el lugar ideal para hacer una refrescante parada o incluso aprovechar para comer algo en medio de una ciudad trepidante, bulliciosa y a menudo congestionada. Plantado en 1873 en la falda de una loma, el jardín pasa por ser uno de los mejores de Europa gracias en particular a su flora subtropical. La Sé Patriarcal La catedral, el monumento románico más importante de Lisboa, se alza cual fortaleza en una cuesta, impresión que queda reforzada por sus dos torres y sus almenas. A lo largo de su historia, el templo ha sufrido innumerables reformas, en particular a raíz del terremoto de 1755, que echó por tierra el altar mayor y la linterna que coronaba el crucero. La catedral es una de las puertas de entrada al barrio popular de la Alfama, situado en la ladera sur de una colina que desciende hasta hundirse en el Tajo. Se trata del barrio más conocido y antiguo de la ciudad, símbolo de una Lisboa popular e íntima, surcado por callejas medievales, patios, callejones y pasadizos… |
