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Antecedentes, construcción y caída del Muro de Berlín

19-10-2009

La capitulación de Alemania en 1945 implicó para Berlín cambios radicales cuyo alcance no se podía calibrar al acabar la guerra. Hasta entonces centro del comercio internacional, la ciudad pasó a ser el peón de la política internacional.

La Guerra Fría
La ciudad esta dividida en cuatro sectores ocupados: uno al este, bajo control soviético, y tres al oeste, administrados respectivamente por americanos, franceses y británicos.
 
Los desencuentros políticos y administrativos entre la URSS y los aliados no tardaron en aflorar. El 16 de junio de 1948, la URSS, que ya había abandonado el Consejo de Control Interaliado, dejaba la Kommandantura y, ocho días más tarde, bloqueaba el acceso terrestre y fluvial a Berlín Oeste. Esto obligó a los aliados a poner en marcha un puente aéreo gracias al cual se pudo abastecer la ciudad durante los 11 meses que duró el bloqueo.
 
El 23 de mayo de 1949 se fundaba la República Federal de Alemania (RFA) y el 7 de octubre la República Democrática Alemana (RDA), lo cual, obviamente, tuvo consecuencias para Berlín. La Ley Fundamental (Grundgesetz) convertía la aglomeración berlinesa en un land de la RFA, mientras que la constitución de la RDA reivindicaba la ciudad como capital, y hay que decir que tanto una como otra se refería a Berlín en su conjunto.
 
En la práctica, una administración tripartita se hizo cargo de los sectores occidentales, mientras que la Unión Soviética quedó sola al este.
 
La construcción del Muro
El 17 de junio de 1953 los tanques soviéticos reprimían una huelga motivada por los ritmos de trabajo en Berlín Este. En los años 50, el número de personas que huyeron hacia el oeste nunca dejó de crecer. De hecho, hasta la construcción del Muro se calcula que huyeron de Alemania del Este unos tres millones de hombres y mujeres.
 
En noviembre de 1958, Khruschev lanzaba un ultimátum a las potencias occidentales, dándoles un plazo de seis meses para retirar sus tropas y aceptar la transformación de Berlín Oeste en una unidad política independiente. Occidente simplemente dejó expirar el ultimátum sin consecuencias.
 
En 1961, Moscú vuelve a amenazar con solucionar el “problema de Berlín Oeste” en el plazo de un año. El presidente americano Kennedy réplica entonces con los Three Essentials: defensa de la presencia occidental en Berlín occidental, mantenimiento del derecho de acceso y libre elección por parte de Berlín Oeste de su régimen político. Los habitantes de Berlín Este ni siquiera eran mencionados…
 
El domingo 31 de agosto de 1961, las calles que unían el este con el oeste amanecen levantadas y la frontera con Berlín Oestesurcada por una barricada provisional fuertemente vigilada. Esta barrera hecha de fosos, postes y alambres de espino dejó paso al poco tiempo a un muro que atravesaba la ciudad de parte a parte.
 
La frontera entre los sectores se convertía así en el único lugar de paso entre el este y el oeste. La construcción de este muro, que supuso un punto de inflexión en la conciencia de todos los berlineses, simbolizaba igualmente la consolidación de las esferas de poder en Europa.
 
En 1963, Kennedy, durante una muy esperada visita a Berlín, concluía su discurso ante el ayuntamiento de Schöneberg con la célebre frase: “Ich bin ein Berliner” (yo soy un berlinés). En diciembre de 1963, tras 28 meses de separación total, se acuerda un salvoconducto por el que los habitantes de Berlín Oeste pueden pasar al Este durante 18 días.
 
El deshielo de los años 70
Hasta la entrada en vigor del acuerdo cuatripartito de 1971, del acuerdo sobre el tránsito y del Tratado Fundamental de 1972, e incluso después de estos, la cuestión del estatuto de Berlín siempre fue problemática. Con el Tratado Fundamental, la República Federal reconocía al fin la RDA como un Estado alemán. A cambio, obtenía el reconocimiento del statu quo de Berlín Oeste, si bien esta parte de la ciudad seguía sin ser considerada como parte integrante de la RFA. El Tratado destacaba asimismo la conveniencia de mantener e incluso reforzar los lazos entre los sectores occidentales y la República Federal, de ahí la instalación de autoridades federales en la zona. Las cosas cambiaron poco o nada en la realidad, pero al fin existía una base jurídica de referencia claramente definida. El canciller Willy Brandt (RFA) y el presidente del Consejo de Estado Erich Honecker (RDA) pusieron en práctica una política de acercamiento (Ostpolitik): la RDA simplificaba las autorizaciones de viaje fuera de sus fronteras y permitía a los alemanes del oeste pasar estancias cortas en las regiones fronterizas.
 
El desarrollo paralelo
La ordenación urbanística pasó a ser el centro de las discusiones políticas en uno y otro lado. La división exigía volver a crear en el menor lapso de tiempo posible las instituciones e infraestructuras que faltaban en ambos lados. Los alrededores de la iglesia del Recuerdo se convirtieron en el centro de Berlín Oeste y la Alexanderplatz el eje de la renovación del centro-ciudad al este. Los dos “Berlines” empezaron a funcionar, subvenciones mediante, como escaparate de sus respectivos sistemas políticos. A pesar de todo, entre la mayoría de los berlineses de uno y otro lado empezó a generalizarse una sensación de “normalidad”.
 
La caída del Muro
En 1987 Berlín celebra su 750 aniversario. Durante su discurso ante la Puerta de Brandeburgo, el presidente americano Ronald Reagan pronuncia estas palabras: “SeñorGorbachov, abra esta puerta. Señor Gorbachov, derribe este muro.” En el este, la fiesta se torna en violencia cuando la policía intenta disolver a los jóvenes que escuchaban, cerca del Muro, un concierto de rock organizado en el oeste.
 
Tras las elecciones municipales de mayo de 1989, los defensores de los derechos civiles se rebelan contra las acusaciones de manipulación dando pie a un movimiento de resistencia inhabitual y muy violento en Berlín Este y la RDA. Es así como empiezan las manifestaciones contra el sistema político del SED. Las evasiones de los alemanes del este hacia el oeste, facilitadas por la apertura de las fronteras entre Hungría y Austria, son cada vez más numerosas. Las embajadas de la RFA situadas en los “países hermanos” socialistas se ven literalmente ocupadas por refugiados que intentan obtener un visado de salida del territorio.
 
El 7 de octubre, entre grandes medidas de seguridad, la RDA celebra su 40 aniversario en Berlín Este. A pesar de todo y apenas doce días más tarde, Erich Honecker se ve obligado a abandonar el SED, formación que había dirigido durante 18 años. El 4 de noviembre, más de medio millón de hombres y mujeres se reúnen en la Alexanderplatz para reclamar reformas democráticas y el final de la hegemonía del SED.
 
Durante la conferencia de prensa celebrada el 9 de noviembre, el miembro del politburó del SED Günther Schabowski anunciaba una nueva reglamentación en materia de viajes: ésta autorizaba los viajes al extranjero “sin justificación previa, autorización particular o lazos de parentesco”. A la pregunta sobre la fecha de entrada en vigor, Schabowski responde: “Inmediatamente”.
 
La noticia no tarda en difundirse y miles de berlineses del Este se dirigen a los puestos de control exigiendo pasar al otro lado. La reacción coge por sorpresa los encargados de los mismos. Las primeras barreras que se abren son las del puesto de control de la Bornholmer Straße y numerosos berlineses del este aprovechan para hacer una breve incursión en el oeste.
 
Toda la ciudad se ve inundada por una inmensa oleada de euforia. Los berlineses empiezan a picar el Muro armados con martillos y cinceles. El genial violonchelista ruso Rostropovitch, que había tenido que exilarse al oeste, ofrece un recital improvisado a los pies del Muro a fin de animar a los que lo demolían (los llamados Mauerspechte, “pájaros carpinteros del Muro”).
 
En las semanas siguientes se van abriendo nuevos pasos hasta que el 22 de diciembre de 1989 tiene lugar un hecho de hondo valor simbólico: la apertura de la Puerta de Brandeburgo.

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